El graffiti me ha enseñado entre otras muchas cosas a pintar con libertad y en contacto directo con la gente, ayudando a desarrollar una visión crítica del entorno y a observar con detenimiento los detalles de una ciudad que está siempre respirando.

Sprays, rodillos, pinceles, rotuladores, cualquier material es bueno siempre que ayude a transmitir una idea y crear un vínculo con el espectador.